La Ventana del Sur

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Mes: julio 2019

Reseña: El Mejor de los Mundos Posibles de Karen Lord

The Best Of All Possible Worlds es una novela especulativa centrada en un drama humano a gran y pequeña escala, fruto de la labor de la escritora Karen Lord, quien ha sido destacada como una heredera de la narrativa de Ursula K. Le Guin y Octavia Butler. ¿Merecerá tan inmenso halago?

La historia de esta bella novela se centra en las consecuencias de un desastre cultural y político a nivel planetario. Donde los sobrevivientes se ven obligados a seguir adelante con lo mejor -y lo peor- que queda de ellos. La gran pregunta que la raza de los Sadiri tiene que responder es cómo conservarán sus tradiciones culturales o su herencia genética en el planeta que los ha acogido tras la catástrofe, Cygnus Beta, conocida por su gran mezcla racial y cultural.

Pero todo es narrado desde una persona “ajena” a esta tragedia, una científica-burócrata de mediana edad que con cariño nos guiará para ver qué deparará el futuro de los sobrevivientes Sadiri, y a ella misma. Su posición será en un inicio muy ajena al conflicto de los Sadiri, pero es reclutada para colaborar en encontrar una solución a este dilema, y cada vez estará involucrada de manera más personal con el conflicto.

Esta obra se destaca por su increíble cualidad humana, aunque estemos en el espacio y nadie sea terrícola en realidad. Junto a Grace Delarua, conoceremos a personajes de manera muy íntima, tanto como si tuviéramos la telepatía de los Sadiri.

En esta historia de exploración cultural se presentan diversos paisajes propios de la variada geografía del planeta. Cada capítulo nos muestra un nuevo lugar, con otras formas de funcionar, una multitud de sociedades peculiares, hundidas en el desierto o en la jungla.

Pero la tensión principal, al menos para mí, fue romántica. Grace conoce a Dllenahkh, un consejero Sadiri noble y muy trabajador que tiene a su cargo buena parte del futuro de su gente. Su relación transita entre el respeto, el humor, la colaboración y otras emociones aliens (literalmente). Esta compleja camaradería será lo que alimente y movilice buena parte de la travesía.

Observación personal:

Destaco que Lord tiene una prosa preciosa, y no la gasta en descripciones de paisajes urbanos ni naturales, ni nos ataca con recursos rebuscados, sino que nos ayuda entender cómo funcionan las distintas comunidades que visita el grupo; sus costumbres, sus peculiaridades y cómo se relacionan. Además la autora se preocupa por inyectar de poesía las sensaciones y sentimientos de su protagonista.

Grace, la protagonista, tiene una capacidad de observación aguda. Lo que más me llamó la atención es cómo destacaba las expresiones y movimientos de las personas con las que interactuaba. A través de ella, Lord nos hace ver las sonrisas más sutiles, manos ágiles, cuellos y mentones tensos, narrando hasta con sensualidad la piel misma de estos compañeros de viaje que tendremos.

Tengo que destacar a Grace misma. Creo que la forma más simple de explicar la simpatía que me genera es decir que me tomaría muchos cafés con ella, para que me contara de los paisajes y las cosas fantásticas que ha visto sí, pero también para hablar de ciencia, de copuchas, de la fragilidad del amor, de los niños y hasta del clima, de todo para escuchar el balance de dulzura y acidez de su forma de ser.

Pero hay cosas negativas también, por ejemplo, me costó mucho seguir a los personajes. No se si es porque nunca los describieron físicamente, o tampoco los diferenciaron por sus habilidades u otras características. Quizás fui yo, acostumbrada a la visualidad de la animación, y las narrativas más juveniles.

Algo más importante es el ritmo; la forma en que está narrado el texto puede cansar a algunos lectores. Hay poca “acción”, la historia se sostiene principalmente en la interacción entre personajes en los distintos contextos en los que transitan. Los cambios importantes se demoran mucho en llegar (si es que llegan).

Además, y esto es muy personal, me frustró que para ser una novela tan celebratoria de la diversidad cultural, hay muy poca diversidad sexual; apenas un par de comentarios que puedes llegar a pasar por alto si no estás atenta. Quizás es algo menor, pero me hacía mucho ruido que todos fueran heterosexuales en un mundo tan rico y poco occidental como en el que habitan los personajes.

Fotografía de la autora Karen Lord (obtenida de Wikipedia)

No puedo dejar de plantearme la duda de dónde se ubica Lord en la Ciencia Ficción como mujer de raíces caribeñas. ¿Es esta la nueva Ciencia Ficción de mujeres? ¿Es ella una Bradbury feminista? Con mucha sinceridad tengo que decir que no creo estar frente a una obra que redefina el género de la CF. Ni es tampoco un tratado literario de género y sexualidad. E incluso analizarla desde ahí me parece poco productivo. Pero no puedo poner acá la pregunta sin responder algo:

El Mejor de los Mundos Posibles no es una obra fácil de clasificar, he visto comentarios que incluso la ubican en la fantasía, al estar vacía de explicaciones científicas, pero para mí es una obra de Ciencia Ficción que dialoga con autores como Bradbury y Le Guin, sin deconstruir de la CF, sino aportando a aflojar un poco los límites. Lord no es la heredera definitiva de las madres de la ciencia ficción moderna, pero puede ser una sobrina buena onda.

Como sea, esta historia es un excelente ejemplo de las amplias posibilidades de la Ciencia Ficción; que no sólo nos permite especular acerca de la tecnología, la economía y la macropolítica, como un Game of Thrones en el espacio, sino ver lo que a veces somos y lo que podríamos ser. Por esta razón no la recomendaría a todos, sino a quienes quieran leer a alguien que desafíe esos límites con amor y humor.

El Mejor de los Mundos Posibles está disponible en español en las siguientes páginas:

https://www.buscalibre.cl/libro-el-mejor-de-los-mundos-posibles/9788490065129/p/19616493

https://tienda.cyberdark.net/el-mejor-de-los-mundos-posibles-n221093.html

Nota, yo he leído una edición en inglés, que puede cambiar la experiencia de lectura. Si quieren acceder al texto original, se puede conseguir en Book Depository y Amazon:

https://www.bookdepository.com/Best-All-Possible-Worlds-Karen-Lord/9781780871684?ref=grid-view&qid=1559699586025&sr=1-1

Vencer al dragón o cómo nos enfrentamos a aquello que tememos

Barbara Hambly, escritora y guionista estadounidense, publicó en 1985 la que sería su novela más reconocida y una de las pocas de sus obras que se tradujo al español: Vencer al dragón. Durante muchos años estuvo fuera de impresión y descatalogada hasta que, en un momento, la autora relanzó la saga completa de la que forma parte, llamada Winterlands, en formato ebook. La serie se compone, además, por las novelas: Dragonshadow, Knight of the Demon Queen y Dragonstar.

En 2017 Ediciones B, a través de su sello Sin límites, la republica en español. Con una portada hermosa y simbólica, tapa dura y detalles ilustrados al inicio de cada capítulo, la nueva edición es una oportunidad de mostrar una obra emblemática de la fantasía a los nuevos lectores. Se trata, eso sí, de una fantasía más adulta, aun cuando se le cataloga como juvenil.

Sobre la autora

Al igual que lo que ocurre con Mercedes Lackey (Los heraldos de Valdemar, 1987), se habla poco de Hambly en el medio hispanoamericano, probablemente por la falta de interés de las editoriales de traducir sus obras. Sin embargo, podemos señalar que Hambly nació en 1951 y que hoy cuenta con 67 años. Ha publicado una cantidad no menor de obras de fantasía, ciencia ficción, suspenso y además, ha sido guionista para Star Trek y Star Wars.

La trama

¿De qué va Vencer al dragón? La sinopsis de su propia contraportada nos sintetiza la trama así:

“Cuando la gruta de Ylferdun es ocupada por Morkeleb el Negro, solo el joven e ingenuo Gareth se atreve a adentrarse en las lejanas Tierras del Invierno en busca del Vencedor de Dragones. Pero hace mucho tiempo que John Aversin se enfrentó a uno, y ya no queda en él rastro del héroe que antaño fue. Solo una promesa del Rey, quien está dispuesto a prestar su ayuda a las desdichadas Tierras del Invierno si lo logra, lo convence de llevar a cabo tan peligrosa hazaña.
Pero no todos los vencedores de dragones aparecen en las baladas. Y es que la hechicera Jenny Waynest, esposa de Aversin, se verá obligada a emprender con él un viaje que la llevará a enfrentarse a sus propios dragones y tomar una decisión: quedarse al lado de su familia o abandonarla para conseguir el poder que cualquier mago desearía dominar.”

Más que contarles lo que me pareció la novela, me centraré en el análisis de tres aspectos que la conforman y que, a mi parecer la hacen destacable: la desmitificación de la figura heroica, una búsqueda por plantear una conciliación entre las aspiraciones más íntimas de una de las personajes con su vida familiar y el símbolo del dragón en la obra.

Desmitificación del héroe

Aunque, a partir de la sinopsis, podríamos creer que la historia tendrá como puntos de vista los de Gareth y Jenny, lo cierto es que su protagonista y el lugar desde donde se posiciona el narrador esquisciente es Jenny, la maga. Con una narración en tercera persona, desde su hombro y mente se cuenta y se describe este mundo compuesto de elementos clásicos de la fantasía: reinos en mundos increíbles, magia, criaturas maravillosas como los dragones y hazañas heroicas. Son justamente estas últimas las que llenan el corazón ingenuo e iluso de Gareth, quien valiéndose de baladas —contadas al más puro estilo de nuestros cantares de gesta y epopeyas—, que hablan sobre los antiguos héroes vencedores de dragones, busca dar con John Aversin, el último humano que enfrentó a un dragón, lo mató y sobrevivió para contarlo.

Sin embargo, la autora se burla de ese imaginario caballeresco. Las canciones que narran las hazañas de este mundo solo hacen que la cabeza de Gareth esté llena de ilusión por la búsqueda de este héroe de otros tiempos: caballeros valientes y honorables, arriesgados, fuertes y vencedores siempre. Su primer encuentro con Jenny refleja sus deseos de imitar aquel código de conducta y su completo fracaso:


“El hombre que había querido rescatarla luchaba contra la larga capa de terciopelo color rubí, enredada en el mango trabajado de su espada larga y enjoyada. Su caballo estaba evidentemente mejor entrenado y más acostumbrado a la batalla que él: las maniobras de ese gran potro bayo eran la única razón por la que el muchacho aún no había muerto.
[…] El joven caballero luchaba todavía en los matorrales como un armiño en una bolsa, medio estrangulado por su capa enjoyada y rota. Jenny usó el gancho de su alabarda para sacarle la espada de la mano, luego se acercó para desenredar los pliegues de terciopelo. Él la golpeó con las manos, como un hombre que trata de golpear un enjambre de avispas. Luego pareció verla por primera vez y se detuvo, mirándola con ojos grandes, grises, de miope.”

El valiente héroe que cabalga al rescate de una damisela en peligro no es más que un chiquillo débil que, así como el Quijote, ha leído demasiadas historias de caballería, hazañas, gloria y grandeza.

Más tarde, la búsqueda del héroe de las leyendas y el propio viaje de Gareth se vuelven una decepción, narrada desde una Jenny cuya vida ha sido dura en las Tierras del Invierno y que sabe, con mucho dolor, que la vida real no es como la cuentan en las leyendas. La realidad está llena de detalles que restan gloria a las hazañas, que simplifican el acontecimiento y al contrastarla con las canciones, suelen tener motivaciones más cotidianas, lejos de la trascendencia. Jenny, sin presentarse completamente, guía al muchacho hacia Lord Aversin, el señor de esas tierras y el único vencedor de dragones que queda con vida y que es también su pareja.

“[…] El más alto se dio vuelta. Cuando los ojos castaños que había detrás de los lentes se encontraron con los de Jenny, perdieron su habitual expresión de retracción y timidez y se fundieron de pronto en un brillo travieso. Mediano de altura, poco atractivo, peludo y sin afeitar, enfundado en su zaparrastrosa ropa de cuero oscuro, con el viejo jubón de piel de lobo sostenido por pedazos de metal y tiras de cadena para proteger las junturas […]

—John —dijo ella y se volvió hacia el muchacho—. Gareth de Magloshandon…, te presento al lord John Aversin, el Vencedor de Dragones de Alyn.

Por un instante, Gareth se quedó absolutamente mudo. Permaneció sentado durante un momento, mirando atónito y confundido como si lo hubieran golpeado en la cabeza; […] Era como si en todas sus fantasías alimentadas por las baladas, en todos sus sueños de conocer al Vencedor de Dragones, nunca se le hubiera ocurrido que su héroe estaría de pie, para no decir hundido hasta los tobillos en el barro, junto al chiquero del pueblo. Su rostro era prueba evidente de que, aunque medía más de un metro ochenta y debía de ser más alto que cualquiera que conociera, nunca había conectado eso con el hecho de que, a menos que su héroe fuera un gigante, seguramente era más bajo que él. Y las baladas, pensó Jenny, tampoco mencionaban los lentes.”

No solo es la imagen del héroe la disonante, sino también la manera en que Aversin enfrentó realmente al dragón, que vuelve a desilusionar al joven. En esas tierras frías, lejanas, tan sucias y poco glamorosas, Gareth tendrá que abrir los ojos y luchar contra la idealización y los prejuicios que carga por el entorno en el que ha vivido siempre y su cabeza llena de pajaritos. Ejemplo de ello es el siguiente diálogo surgido luego de que el muchacho cantara una parte de la balada que representa la hazaña de Aversin y Jenny es la encargada de abrirle los ojos:

“—En primer lugar, de los dos chicos que se llevó el dragón, John solo logró salvar con vida al muchacho. Creo que la niña murió por los olores y los gases del nido del dragón. Era difícil decirlo por el estado del cuerpo. Y si no hubiera estado muerta, tampoco habría tenido fuerzas para hacer discursos sobre el aspecto de John, incluso en el caso de que John hubiera llegado realmente galopando por la colina, cosa que no hizo, con toda lógica.

—¿Ah, no? —Casi podía oír cómo se quebraba una imagen en la mente del muchacho.

—Claro que no. Si lo hubiera hecho, habría muerto inmediatamente.

—Entonces, ¿cómo…?

—De la única forma que se le ocurrió para luchar contra algo tan grande y tan bien armado. Me hizo fabricar el veneno más poderoso que conociera y empapó los arpones con él.”

Reponiéndose de las primeras decepciones (la apariencia de su héroe y el verdadero enfrentamiento con el dragón de Alyn), él plantea su propósito: necesita que la gruta de Ylferdun sea liberada de la presencia devastadora de Morkeleb, el Negro. Tras una promesa de la cual Jenny desconfía, Gareth logra su cometido y aunque dudoso y desilusionado, regresa a la gruta con la maga y el vencedor de dragones que resultó ser, además, un poco nerd.

El muchacho se equivoca una y otra vez intentando replicar los valores de dichas canciones y cada caída es un golpe más bajo y profundo. Serán Jenny y el mismo John quienes con sus actos revelarán la verdad y desde los ojos de la maga se narrará la transformación del joven que se da cuenta que los héroes pueden sentir miedo y que en una batalla en la que está en juego la vida y la muerte todo, absolutamente todo se vale.

Jenny Waynest: la confusión entre el ser y el deber

En un comienzo, había pensando en realizar un análisis de tres personajes femeninos de esta obra, las tres magas, sin embargo, decidí centrarme en la protagonista. Se trata de una mujer madura, cuyas preocupaciones y aspiraciones revelan una crisis interna que nos hará reflexionar bastante sobre nosotras mismas.

Jenny posee 37 años, uno más que Bárbara Hambly al momento de publicarse esta novela y me pregunto si los dilemas que enfrenta la maga fueron también cuestionamientos de la propia autora. Me inclino a pensar que sí, pues el contexto en el que se produce la obra es con la segunda oleada feminista, en la que se plantea un debate ya no relacionado con el derecho a sufragio (primera ola), sino a temas como la sexualidad, la desigualdad, la familia y el trabajo. En Vencer al dragón, las reflexiones internas de Jenny son justamente una búsqueda constante para conciliar las aspiraciones personales de ella con su rol de madre.

Pero ¿cómo es Jenny Waynest? Es una mujer adulta, insegura, con una mala imagen de sí misma, con dos hijos que apenas ve y que no cría puesto que no vive habitualmente con ellos por elección propia. Ella sabe que su magia no es poderosa y que para desarrollarla debe sacrificar tiempo con sus hijos —de los que no está segura de haber deseado, pero que quiere mucho—, y se enclaustra en la antigua casa de su maestro para meditar y desarrollar su poder. Sin embargo, por más esfuerzos que hace, siente que nunca es suficiente y se cuestiona constantemente si el haberse enamorado, si el haber dedicado tiempo a John y a sus hijos fue un error. En el fondo del corazón de Jenny está el anhelo de ser una maga poderosa, pero sabe que ha faltado a su dedicación exclusiva:

Para ser mago, hay que ser mago, había dicho Caerdinn. La magia es la única clave de la magia. Sabía que no era la hechicera que él había sido, incluso cuando lo vio por primera vez, cuando él tenía ochenta años y ella era una chica fea, flaca y desdichada de catorce. A veces se preguntaba si se debía a que él era tan viejo, porque estaba tan al final de sus fuerzas cuando llegó a enseñarle a ella, la última de sus discípulas, o, simplemente, porque ella no era buena. Despierta en la oscuridad, escuchando el viento o la grandeza terrible del páramo, que era peor, a veces admitía la verdad ante sí misma: lo que daba a John, lo que se descubría dando más y más a esos dos muchachitos que dormían uno en brazos del otro como cachorros, arriba, lo tomaba de la fuerza de su poder.
Todo lo que tenía para dividir entre la magia y el amor era tiempo. En unos pocos años, tendría cuarenta. Durante diez años había dispersado su tiempo, sembrándolo a los cuatro vientos como un granjero en el sol del verano, en lugar de guardarlo y volcarlo en la meditación y la magia. Movió la cabeza sobre el hombro de John y el calor de la vieja amistad se anidó en la tensión del brazo de él a su alrededor. Si lo hubiera dejado, se preguntó, ¿sería tan poderosa como Caerdinn? ¿Poderosa como a veces sentía que podía ser cuando meditaba entre las piedras de su colina solitaria?”

Su relación con John es, en mi opinión, ideal. Desmitificado el héroe, Aversin es lo más cercano a la figura del aliado feminista —el nuevo príncipe azul en estos años— que podemos encontrar, pues comprende y apoya sus decisiones, aun cuando pareciera que no estar conforme con ellas, y se preocupa de la crianza de los hijos e intenta cocinar, aunque lo hace pésimo. Pero a pesar de contar con su apoyo, es ella misma la que no se perdona esa ambivalencia y reflexiona constantemente sobre el tiempo dedicado a la magia y el dado a su familia. Es tanta su inseguridad y duda que, a ratos, la mención constante de las ideas de la protagonista hace que la narración se transforme en un discurso repetitivo e insistente que agota y ralentiza la obra.

Jenny posee unas ansias de conocimiento que no se atreve a verbalizar del todo y que se manifiestan de la manera más dura cuando conoce a Zyerne, una poderosa y hermosa hechicera, segura de sí misma, amante del rey y seductora de todos los miembros de la corte, a quienes hechiza con sus poderes y su encanto. La diferencia entre ambas mujeres es evidente y Jenny manifiesta sus celos, la envidia que siente de su poder, un poder que se le escapa y que no logra entender del todo.

Hay un momento en el que el narrador cede un espacio a la conciencia de la protagonista. No es estilo directo, ni indirecto ni indirecto libre, es un párrafo en primera persona que se coló. No sé si es un error en la edición, no sé si es a propósito, pero yo creo que sí, que es intencional y por eso me gusta y me fascina. Se trata de un pensamiento luego de ver a Zyerne con un miembro de la corte y amigo de Gareth:

¿Habría sido capaz de entender lo que vi esta noche si hubiera dedicado todo mi corazón, todo mi tiempo al estudio de la magia? ¿Tendría un poder como ese, enorme como una tormenta reunida entre mis manos?

Jenny se enfrenta a los prejuicios externos, pero la batalla que vive más intensamente es aquella que lucha en su conciencia, entre su deseo de poder y conocimiento y el amor que siente hacia John y sus hijos, dos mundos que ella ha intentado conciliar, pero que aun así no está conforme con los resultados. Es por eso por lo que el enfrentamiento final de John Aversin con Morkeleb el Negro, un dragón enorme y poderoso, la conduce por caminos insospechados y a enfrentar sus más grandes miedos y también sus ambiciones.

Tras entrar en contacto con el dragón, algo cambia en Jenny y ambos se comunican en diálogos mentales en el que se cuestionan mutuamente. Por un lado, la hechicera intenta comprender la lógica del dragón, para hacerlo desistir de habitar en la gruta y, por otro, se enfrenta a su deseo exacerbado y dominado por los conocimientos que el dragón le ha otorgado. Morkeleb le dice:

Creo que sí que entiendes. Cuando tu mente estaba en la mía, mi magia te llamó y el dragón que hay en ti contestó esa llamada. ¿No conoces tu propio poder, mujer maga? ¿No sabes lo que podrías hacer? […]

No tengo el poder para cambiar mi esencia.

Yo sí, murmuró la voz entre las visiones de su mente. Tienes la fuerza para ser dragón cuando hayas aceptado esa forma. La sentí cuando luchamos. Estaba furioso entonces porque me vencía un ser humano. Pero tú puedes ser más que humana. […]

No me pondré así en tu poder, Morkeleb. No puedo dejar mi forma sin tu ayuda ni podría después volver a ella. No me tientes.¿Tentarte?, dijo la voz de Morkeleb. No hay tentación que venga de fuera del corazón. Y en cuanto a volver…, ¿qué eres como humana, Jenny Waynest? Despreciable, quejosa, como todos los tuyos una esclava del tiempo que pudre al cuerpo antes de que la mente haya podido ver otra cosa que una sola flor de todas las colinas del Cosmos. Para ser maga debes ser maga y veo en tu mente que luchas por el tiempo para hacer aunque sea eso. Para ser dragón…

El dragón le ofrece el poder, el conocimiento y la libertad que tanto anhela. Porque a pesar de sus elecciones, a pesar de su ir y venir entre la casa de su maestro y su propio hogar, la hechicera se siente prisionera de sus deberes, de sus responsabilidades para con su familia y los otros, aquellos que necesitan de sus habilidades como comadrona y curandera. Morkeleb lee la verdad en ella, los más profundos deseos de su alma. “La clave de la magia era la magia; la oferta era la respuesta a todos los deseos frustrados de su vida”.

Pero ella no cede y tras develar al verdadero enemigo del reino y derrotarlo en una dura batalla, Jenny es consciente de que sus limitaciones en la magia no se debían a las circunstancias que había vivido y las elecciones que había hecho, sino que eran producto de sus propios temores. La maga, al igual que todas las mujeres que son madres o que tienen una familia, debe conciliar su deseo y realización personal con su rol de madre y cuidadora. Jenny como personaje innova porque nos muestra sus deseos, pero también nos muestra esa lucha a la que se ven enfrentadas las mujeres y que evidencia algo mucho más profundo: el temor. Temor de no hacer lo correcto, temor a lo que se espera de nosotras, el temor a nuestra conciencia y a la culpa con la que nos hacen cargar, el temor a arrepentirse de las decisiones tomadas, el temor a no ser buena madre y el temor a perder el trabajo; el temor a ver en lo más profundo de nosotras mismas y darnos cuenta de nuestros verdaderos deseos y las posiblemente pésimas elecciones que hemos tomado.

El dragón: aquello terrible a derrotar

Imagen de Oberholster Venita en Pixabay 

En la novela de Hambly se vencen diferentes tipos de dragones. Por un lado, John Aversin ha asesinado a uno en un tiempo anterior al relato, lo que le da el título de Vencedor de Dragones y la fama digna de baladas. Por otro, está la amenaza de Morkeleb que debe ser derrotado para liberar la gruta de Ylferdun. Derrotar al dragón, vencerlo y liberar a un pueblo entero, junto con la promesa de protección y apoyo a las Tierras de Invierno es lo que mueve la trama. Aceptar esta misión implica sacrificio y Aversin y Jenny mantienen todavía fresco el pasado en su memoria, porque derrotar al dragón de Alyn casi les costó la vida.

Pero hay un tercer dragón a lo largo de toda la obra y ese es, a mi parecer, el más relevante. Según el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, el dragón es:

“Animal fabuloso, figura simbólica universal, que se encuentra en la mayoría de pueblos del mundo, tanto en las culturas primitivas y orientales como en las clásicas. […] En multitud de leyendas, el dragón, a parte de su sentido simbólico más profundo y recubriéndolo, aparece con ese significado de enemigo primordial, el combate con el cual constituye la prueba por excelencia. Apolo, Cadmo, Perseo y Sigfrido vencen al dragón. […] Pero en términos generales, la actual psicología define el símbolo del dragón como «algo terrible que vencer», pues solo el que vence al dragón deviene héroe.”

Finalmente, no es John Aversin quien se enfrenta al dragón, no. El Vencedor de Dragones de las baladas ha caído, inútil, y es Jenny quien debe derrotarlo con inteligencia y sabiduría. Es ella quien lucha contra «algo terrible» y es ella la verdadera heroína. Sin embargo, no siendo suficiente enfrentarse con Morkeleb en un diálogo interno cargado de imágenes y reflexiones acerca de la existencia humana y la búsqueda de conocimiento, Jenny debe enfrentar un dragón más íntimo: sus temores y sus propios deseos. El temor la detenía siempre, la paralizaba y terminaba dejando las cosas tal como estaban.

El Diccionario de los símbolos de Jean Chevalier, dice al respecto:

“[…] El análisis de C.G. Jung ha sacado partido de este mito de que la experiencia clínica ha hallado también en los sueños, y de su interpretación tradicional: «[…] El héroe, explica J.L Henderson, se hunde en las tinieblas, que representan una especie de muerte… la lucha entre el héroe y el dragón… manifiesta el tema arquetípico del triunfo del yo sobre las tendencias regresivas. Para la mayor parte de la gente el lado tenebroso, negativo, de la personalidad permanece inconsciente. El héroe por lo contrario debe darse cuenta de que la sombra existe y de que puede extraer fuerza de ella. Necesita llegar a un acuerdo con sus poderes destructivos si quiere llegar a ser lo bastante terrible como para vencer al dragón. En otras palabras, el yo no puede triunfar sino después de haber dominado y asimilado la sombra».

[…] El dragón está ante todo en nosotros.”

Durante toda su vida Jenny vivió entre dos mundos: la magia y su hogar, dividió su tiempo y energía en ambos, pero el miedo de aceptar sus verdaderos deseos y aspiraciones, el herir a los demás por un deseo tal vez egoísta, la mantiene angustiada y limita su poder. Cuando la maga se enfrenta a sí misma en el instante en que Morkeleb le ofrece por última vez el acceso al poder y el conocimiento a través de la transformación de su esencia, solo entonces ella acepta de verdad sus sombras, sus deseos más profundos y acepta a Morkeleb, porque tal como dice Chevalier, el dragón está en todos nosotros y como señala Jung, el héroe debe conocer sus sombras y así tener la fuerza suficiente para vencerlo.

Por eso, cuando el dragón realiza su oferta una última vez, Jenny, desprendiéndose de todo, toma el camino que había deseado elegir toda su vida. Se entrega en cuerpo y alma a la bestia, se transforma y deja de importarle el rostro lloroso de John, que acepta en silencio su elección. Emprende el vuelo, descubre el mundo con ojos de dragón y con los ojos de la criatura devela los más grandes misterios de su magia. Al fin puede comprenderla, sin límites, con toda la libertad que siempre ha deseado.

“Era libre para tener lo que siempre había deseado, no solo el poder, que el toque de la mente de Morkeleb le había dado a su alma, sino la libertad para buscarlo más allá de la prisión mezquina del trabajo de los días.

[…] Ya nadie le pediría que pospusiera sus meditaciones para caminar kilómetros y kilómetros a pie sobre las colinas ventosas y ayudar a dar a luz a un niño […]

Ya no tendría que dividir su tiempo (ni su alma) entre el amor y el poder.”

Ya hecha una dragona, no puede evitar pensar en su antigua esencia y en la nueva, en el dolor terrible de las opciones y de los caminos que nunca se tomaron. Solo entonces también se da cuenta que ya hecha de magia, no es nada más que un ser vacío, que tiene el poder pero ¿para qué? ¿Qué puede hacer ahora con todo ese conocimiento más que volar por la inmensidad del mundo? Se da cuenta entonces que las palabras de su maestro eran erróneas, que la clave de la magia no era la magia, así como la clave del conocimiento no es el conocimiento, sino el uso que le damos.

Temió toda su vida por aquello que tenía y que no comprendía y temió también por los sentimientos que la embargaban y la alejaban de lo que ella aspiraba a tener, pero ¿sabía realmente lo que quería? La protagonista añora una oportunidad perdida y cuando la recupera, cuando puede experimentarla, cuando acepta sus deseos y reflexiona sobre ellos, vacía, es consciente de una existencia sin sentido. Ya no es la misma Jenny, es otra, que se ha aceptado a sí misma, que ha sido tocada por la magia del dragón y que ahora es consciente de que también fue tocada por la «magia» de John y sus hijos. Ahora que conoce las dos caras de sus deseos y los acepta, los enfrenta y vence a su dragón.  

Al finalizar, no me queda más que preguntar: ¿de qué manera venceremos nosotras nuestros propios dragones?


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