Este libro no lo había tomado mucho en consideración, quizás le tenía un poco de temor, de pensar que podría encontrar demasiada crueldad. Por eso, cuando comencé a leerlo, no esperaba terminarlo, era más bien un experimento, curiosidad y también, que lo tenía disponible en ese momento. Sé que una cadena de televisión comenzó a emitir una serie basada en este libro, sin embargo, no soy fan de ver televisión, y su publicidad me fue ajena, hasta ahora que terminé de leer y comencé a buscarla. No sabía, y lo supe ahora también, que el libro había sido escrito en 1985 (antes de que yo naciera), pensé que había sido escrito hace poco. Pero tenía un ambiente muy retro, y eso me confundía (los recuerdos, obviamente, no la parte de Gilead, eso ya es otra cosa). Bueno ahora lo entiendo, aún así creo que fue una ambientación visionaria porque en el presente de los recuerdos de Defred, no es realmente 1985, se siente como algo entre eso, y la época actual. Y eso me sorprendió mucho.

Vamos con la sinopsis

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.

Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa

Ya, la sinopsis nos va dando mucha información. Yo lo leí de un archivo que alguien me pasó, por tanto no había sinopsis. Así que empecé de blanco. Y desde ese blanco es inquietante. No sabes qué está pasando, ni por qué las cosas son así. Intuyes que algo muy grave ocurrió, pero no sabes desde hace cuánto, al menos tiene que ser algunos años, porque el cambio es muy radical. No sabes la extensión de ese cambio, ni si es un proceso transitorio o algo definitivamente instalado. No sabes nada, y ella tampoco parece saberlo.

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