En un inicio, quería tratar este tema como una herramienta más para la construcción de historias, y esencialmente para dar soporte y tridimensionalidad a las obras de fantasía, ciencia ficción y terror. Sin embargo, después de hacer una serie de revisiones en internet, me di cuenta de que el tema daba más para una reflexión profunda y compleja.

Pero, ¿qué es el Worldbuilding? Bien, pues partamos definiendo. Se trata, en palabras concretas, de la construcción de mundo en el cual se desarrolla la historia que vamos a contar (bien, si su historia ocurre en todo un universo, pues es lo mismo). Es por ello, que cobra vital importancia en los géneros que busca potenciar esta página.

Todas las historas poseen worldbuilding, incluso aquellas en que usted ni siquiera se ha dado cuenta. Incluso aquellas en que dicho worldbuilding ni siquiera se ha pensado. ¿Por qué? Porque cada historia habita en un mundo determinado, independiente de qué tan parecido sea ese mundo al que nos rodea y en el que vivimos, lo que vemos en las historias es una visión representada de ese mundo, que rescata distintos aspectos específicos del mismo. Por lo tanto, aunque se trate de una “reconstrucción” del mundo real, tampoco es exactamente este mundo real. Es una visión de ese mundo, y por tanto una construcción a partir del mismo.

Sin embargo, el auge actual (o al menos desde hace un par de décadas) de la fantasía y ciencia ficción ha dejado abierto un camino a la construcción de mundos cada vez más complejos e independientes, los cuales van tomando su propio protagonismo en las historias . Por lo mismo el worldbuilding ha tomado un peso fuerte y determinante, pues aunque todas las historias posean al menos una pizca de worldbuilding, este no siempre esta bien construido o es atingente a la historia que se nos está contando. Y eso es lo fundamental en esta reflexión.

¿El worldbuilding es necesario? Por supuesto que sí. A fin de cuentas es el telar sobre el cual se teje la obra. Son los parámetros y características que darán ese toque especial a nuestros mundos, sus conflictos, e incluso sus personajes. Sin embargo, no importa qué tan fina sea la madera de ese telar, si al elegir la madeja y urdir los puntos, el tejido queda soso y sin brillo. Lo maravilloso que haya sido ese telar, no salvará al tejido de ser descartado como un mero tapete para limpiarse los pies. Y nadie quiere eso.

¿Qué hacer entonces?

Una opción válida es centrarse en la historia que se quiere contar. ¿Es una historia de guerra política? ¿De linajes? ¿O de unas papas verdes que dan súper-poderes?

Es importante saber de qué trata realmente la historia para definir qué elementos del mundo será necesario construir para darle peso. No es lo mismo establecer todo el escenario político y geográfico de ese mundo, ni cuántas miles de dinastías se han disputado el poder central de ese mundo, si la historia va a tratar de unas papas verdes que dan súper- poderes. Sin embargo, si gracias a esos súper-poderes el Clan de los Heres ha logrado poner bajo su control a dos tercios del planeta y prontamente derrocarán al actual Clan que ha permanecido por más de 100 años al mando… entonces las cosas sí se vuelven un poco diferentes.

Aún así, el enfoque que le demos a nuestra historia, será determinante en la relevancia de los hechos y datos que sustentan al mundo. Porque tal vez, la historia nos cuente de cómo una pobre niña huérfana se encuentra con unos seres venidos de otro mundo y le regalan una extraña papa verde, prometiéndole acabar con la hambruna y miseria de su nación. ¿Quiénes eran esos extraños seres? ¿De dónde vino la papa? Detalles que podrían parecernos triviales comparados con el escenario político o las miles de dinastías que han pasado por el mundo, cobran una importancia diferente al cambiar el enfoque de nuestra historia.

En definitiva, podemos tener mucha o poca información de este mundo, si estamos armando una saga, pues que la información sí que será cuantiosa. No por eso bañaremos páginas y páginas de nuestra obra con datos irrelevantes que solo nosotros llegaremos a entender. Queremos construir tierra fértil, habitable, en la cual nuestros lectores se sientan a gusto para recorrer. No un barrial, no un pantano del terror que los atrape y hunda como al pobre Artax.

Tampoco queremos llegar a un desierto tan seco e inhóspito que nuestros lectores mueran asediados por buitres antes de haber logrado comprender hacia dónde iba la historia.

Por lo tanto, volviendo a lo esencial, la construcción de mundo debería ser justa y suficiente para que nuestros lectores se sientan cómodos, comprendan las razones de fondo en los conflictos, y entiendan mejor a nuestros personajes.

Revisemos nuestras historias, como extraterrestres, ¿tenemos cabos sueltos? ¿Importa saber que el hijo de Górin tenía un lunar horrible bajo la barbilla? ¿Importa saber la composición exacta del aire en el planeta XII? Puede que sí, puede que no, es la historia la que nos lo dirá. Y los personajes. Porque la princesa del reino no duerme en el mismo tipo de cama que la hija del herrero. Ni vistió los mismos vestidos, ni aprendió las mismas cosas. Y sin embargo ambas terminan enfrentándose en un duelo a muerte con espadas legendarias definiendo así el destino de todo el mundo.

Bien, esa ha sido la reflexión del día de hoy. ¿Qué opinan ustedes? ¿Es necesario armar un mamotreto de 1000 páginas de worldbuilding, para escribir una historia de solo 100? ¿Cómo ha sido para ustedes crear los mundos de sus historias? Queremos saber 😉

(PD: Encontré un blog que en uno de sus post ponía “50 preguntas que tienes que hacerte durante la creación de un mundo fantástico“… me dio bastante para pensar)