Saludos, visitantes de La Ventana del Sur. ¿Han leído algún libro interesante? ¿Están escribiendo algún cuento o novela que les apasiona? Esperamos que sí, y les deseamos todo nuestro apoyo.

Este post será una pequeña reflexión sobre uno de los puntos por los que más nos suele interesar una novela, los personajes. ¿Qué habrá que hacer para que un personaje le resulte importante a los lectores, para que lo quieran y estén esperando con ansias sus idas y venidas a lo largo de todo el libro o la saga? ¿A quién hay que invocar? ¿Qué hechizo debería conjurar? Sin duda hemos pensando en estas cosas más de una vez. Probablemente no haya recetas ni fórmulas que puedan aplicarse en todos los casos. La única certeza que parece haber en este mundo es que mientras mejor escribamos, mejor nos entenderán nuestros lectores… Algo súmamente vago.

Aunque no haya fórmulas mágicas, me gustaría revisar aquí dos aspectos que pueden aportar a la empatía que debiera generarse entre el lector y los personajes de la novela. Estos aspectos derivan de cuestiones que estudié alguna vez en guión audiovisual, cuestiones que leí de blogs especializados y cuestiones que analizo en las lecturas que hago. Pero también les dejaré al final algunos blogs que tratan el tema de construcción de personajes, por si quieren leer un poco más sobre este tema.

Pues bien, empatía… ¿Qué es eso?

La empatía (del griego ἐμπαθής, «emocionado») es la capacidad cognitiva de percibir (en un contexto común) lo que otro ser puede sentir. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona cuando se afecta a otra.
(Wikipedia)

La empatía es una de las características que le da profundidad al arte, en cualquiera de sus formas. Ser capaz de conmovernos o conectarnos con una imagen, con una música, con una escena, con un libro; es parte de un desarrollo profundo en los elementos que nos generarán empatía con la obra.

En el caso de novelas, películas, series y algunos videojuegos, tenemos que trabajar con sus personajes, con darlos a conocer adecuadamente y reflejar su mundo interior de tal modo que las situaciones que deban atravesar sean emocionantes, terribles, angustiantes, difíciles, tristes, maravillosas, sanadoras, etc.,  para los lectores. Los eventos por sí mismos pueden tener un cierto impacto, pero es la conexión que logremos crear entre los lectores y los personajes, lo que realmente sacará a relucir la importancia de lo que estamos contando y de lo que en verdad queremos transmitir.

Y dos ejes para generar empatía con nuestros personajes son:

La Singularidad

En la psicología humana, nadie se considera a sí mismo una persona normal.
Nuestros personajes tampoco. Ellos son especiales, únicos, no hay nadie más en el mundo que sea como ellos… ok, tal vez esto es un poco exagerado, pero sin duda, para que un personaje pueda atravesar todos los eventos que le haremos pasar, algo muy particular debe tener.

Esta o estas particularidades que definen a nuestros personajes, se debieran reflejar en sus costumbres y conductas. En su forma de reaccionar ante situaciones de estrés o en el modo en que reciben los elogios. Cuando el lector puede conocer esta sigularidad, puede familiarizarse con los comportamientos del personaje y dependiendo de las situaciones, preocuparse más o menos frente a los conflictos que le deparan y que afectan esta sigularidad. Por supuesto, un personaje no debería ser del todo predecible, o se volvería algo aburrido. Lo que importa de este eje es que estas características nos darán un tono en la conducta del personaje, que mientras más natural sea, más nos impactará como lectores.

Al describir la vida de nuestros personajes y las situaciones que les ocurren, sería conveniente escoger aquellos hechos que ayuden a conocer esta singularidad. Resultaría muy aburrido el típico cliché de “se despertó sin recordar muy bien qué había soñado y se preparó para ir al colegio”. Una situación tan común no aporta nada al conocimiento que está adquiriendo el lector de nuestro personaje. Las cosas que vayamos a contar sobre ellos deberían abrirnos una puerta a su mundo interior. Quizás nuestro personaje no despertó, porque se había quedado desvelado toda la noche pensando en que los extraterrestres lo iban a raptar. O quizás nuestro personaje es un experimento cyborg y despertar requiere la activación de ciertos procesos de su protocerebro, lo cual le produce una sensación vertiginosa como si por un momento fuese a caer al vacío.

Quizás nuestro personaje tuvo un muy mal día y su reacción es gritarle a todo el que se le cruza por delante y dar un fuerte portazo. Quizás es todo lo contrario, su ánimo está tan caído que no habla con nadie y se encierra en su habitación/refugio hecho un ovillo para dormir y olvidar todo.

Cuando escribimos fantasía o ciencia ficción, puede que estemos creando una realidad de por sí bastante singular. Es importante no abandonar al lector a su suerte entre tantas cuestiones desconocidas, poder lanzarle un ancla de comprensión. Que no solo el lector deba tener empatía hacia nuestros personajes, nosotros también deberíamos tener empatía con el lector.

El acceso a la vida privada

Otro aspecto importante, y muy relacionado con el primero, es este. Mientras más acceso tengamos a la vida privada de nuestro personaje, mayor conexión vamos a lograr. Hay autores que han trabajado esto al extremo, pero no todos necesitamos contar qué ocurre cuando nuestros personajes van al baño (salvo que sea importante para la trama).

La vida privada de nuestros personajes es una forma en que ha organizado su tiempo (y las necesidades de su cuerpo), una forma en que ha conseguido sentir seguridad y control sobre las cosas que posee, una forma en que administra sus sentimientos y relaciones. Y estas son cuestiones por las que todas las personas podemos reconocer un gesto, una necesidad, una preocupación. Nos va a permitir encontrar aspectos interesantes del personaje y acercanos a su mundo interior.

Así también, nos dirá cosas relevantes de sus relaciones con los demás personajes, en el acceso que permite o no a su vida privada. En las trasgresiones que enfrenta o que efectúa sobre otros. Estas relaciones y el peso que tienen para nuestro personaje (y para nuestro lector) no deben ser tomados a la ligera. Si hacemos todo bien y creamos personajes secundarios con los que el lector se ha encariñado, resulta muy triste que luego, por cuestiones de la trama en que deban tomar distancia y rumbos aparte, quede abierto ese cabo y no cerremos lo que fue de su vida.

También es importante considerar que nuestro objetivo no necesariamente es que el lector sienta agrado con nuestro personaje, puede que queramos todo lo contrario, que lo desprecie y le de asco. Si pensamos en estos dos ejes, en la singularidad y la vida privada, se nos pueden ocurrir muchas cosas para hacer un personaje desagradable y es que ahondar en estos aspectos tendrá un efecto muy poderoso si así lo deseamos. Y es lo mismo si queremos que nuestro personaje sea amado, por eso es importante profundizar.

Ahora, todos estos detalles y la articulación de estos dos ejes a lo largo del relato, sin duda son importantes, pero a veces podríamos caer en extendernos tanto que se pierda el foco de lo que estamos contando. Así que es bueno también evaluar si los detalles que queremos agregar van a ser relevantes. Si aporta al avance de la trama, o si aporta a comprender las relaciones entre los personajes, o si aporta a la relación del personaje con el mundo que lo rodea.

Para terminar, les dejo algunos post que me parecieron interesantes sobre la construcción y descripción de personajes, que espero encuentren útiles.

Saludos.