Muchas veces, nuestra vida puede llegar a ser un caos: que el trabajo, los estudios, las labores del hogar, hijos, mascotas, pareja, la actividad física, ir al cine, y entre toda la majamama: ¡escribir!

Pareciera ser el objetivo principal y más trascendental de nuestras vidas, ¿pero cómo resguardarlo cuando hay tanto caos pujando por desplazarlo a un segundo lugar?

Bien, un aspecto importante a considerar es la organización y el aprovechamiento máximo del tiempo que podemos disponer a la tarea de escribir. Ya sea que te encuentres en la fase de la ideación, de escribir el manuscrito, las revisiones, o el proceso editorial, una buena (y honesta) organización te ayudará a mantener una mente tranquila, y lo más alejada posible de cualquier frustración.

Para ello, primero debes definir muy bien dos elementos fundamentales de la organización: el tiempo y el qué.

El tiempo

Pues bien, para concretar cualquier proceso de escritura, debes saber que necesitas dedicarle un esfuerzo diario a tu obra. Pero primero, es importante que definas, con toda la honestidad del mundo, cuántas horas exactas puedes destinarle a tu obra durante el día. Lo primero es saber la cantidad. Nadie dice que 5 horas es mejor que una, todo va en cómo aproveches ese tiempo, y que efectivamente sea un tiempo sagrado que nada ni nadie pueda vulnerar (igual puede haber excepciones, y todo depende de cómo sea tu día a día). Puede ser que que tu caso te permita destinar una cantidad de horas fijas cada día de la semana en un horario fijo. O puede ser que algunos días le dediques solo una hora, y otros hasta 5 horas. Lo importante es que puedas reconocer cuál es el tiempo con el que cuentas en cada momento de la semana.

El qué

Este es el segundo elemento importante de la organización. ¿Qué harás durante ese tiempo protegido? Si es escribir, pues escribir; si es revisar, pues revisar. Pero es importante fijar metas concretas, metas que tú sepas que estás al alcance de cumplir en el tiempo que tienes destinado para ese día. Por ejemplo, si lo que harás el día lunes es escribir, fíjate una meta concreta como “avanzar 1000 palabras”, porque sabes que cuentas con el tiempo para ello. Al principio puede que falles y no logres la meta propuesta, o al contrario, ¡te sobrepases! Ve tomando en cuenta cuál va siendo tu avance efectivo, para que puedas ser más precisa al organizar tus metas.

A medida que logres un equilibrio en tus metas, también podrás ir mejorando tu desempeño, y si antes una meta te parecía muy difícil de lograr en el tiempo establecido, después podrás lograrla con mayor facilidad. También es importante que te felicites a ti misma por ir superando tus metas. Vamos, que escribir es algo que te apasiona, date el gusto de saber que lo estás haciendo bien cuando cumples tus propios objetivos. Y, también es importante entender que si fallas, no lo mejora que te culpes o te castigues por ello. Todos tenemos días malísimos, donde no acertamos a nada. Siempre ve la posibilidad de reajustar lo que tenías presupuestado para cumplir con tu meta semanal y date la posibilidad de ser flexible contigo misma. Puede que ese tiempo donde no avanzaste ni 300 palabras hayas necesitado reflexionar sobre el giro argumental que estabas desarrollando, o la actitud de algún personaje, algún elemento que no esté cuadrando como lo imaginabas. Las razones pueden ser muchas y es importante estar atentos a ellas también.

Ahora bien: Ya tienes el tiempo y el qué. ¿Cómo lo organizamos?

El elemento más tradicional para ayudarnos a organizar la vida es un calendario. Puede ser un calendario mensual, o semanal. Puede ser una agenda o un planner. O, puede ser algo más íntimo y personal como un Bullet Journal.

¿Qué es un Bullet Journal?

En una descripción simple, es una mezcla entre un diario (de estos así de vida) y una libreta de actividades. Pero lo más interesante es que lo creas tú misma, o sea, a mano. Tomas una libreta, un lápiz y ya está.

Para que un Bullet Journal sea funcional, necesita de algunos elementos:

  • Un índice
  • Un código
  • Separadores de mes
  • Calendario mensual
  • Planificador semanal
  • Trackers (mensuales o semanales)

¿Parece mucho? Bueno, como nuestro Bullet Journal estará solamente enfocado en la escritura, podemos quedarnos simplemente con el índice, el código, los planificadores semanales o el tracker semanal y/o mensual.

El índice

Al principio de nuestra libreta (después de la portada bonita que quieras hacerle, con stickers, marcadores, acuarela, flores, pájaros, dragones, extraterrestres, el big bang, o lo que sea), debes dejar al menos dos o tres páginas en blanco que serán exclusivamente usadas para el índice. A continuación, debes colocarle número a todas, sí, tooodas las hojas de tu libreta (ya sea en la parte inferior, al centro, o arriba, en la esquinita, donde más te acomode). Así, cuando vayas cambiando de un mes a otro, puedes ir marcando en tu índice el inicio de cada mes. También, si tienes que cumplir alguna fecha límite, o algún evento importante, puedes dejarlo registrado en la página de la semana correspondiente para que después te sea más fácil localizarlo.

(imagen a modo de referencia)

También puede ocurrir que vayas por la calle, y… ¡Idea salvaje aparece! Y necesites dejarla registrada en alguna parte. El Bullet Journal también te servirá para eso. Y en el índice tendrás registrado el lugar exacto donde la idea salvaje fue capturada.

El código 

El código fue diseñado para que cada vez que debas agendar alguna actividad, puedas dejar un signo claro de si fue completada, o si tuvo que ser postergada o anulada.

¿Cómo funciona?

En el código original, designabas con un puntito a la izquierda cada nueva actividad que querías incorporar. Luego, si la realizabas, transformabas el punto en una “x”. Si querías postergar la actividad, lo trasformabas en una flecha hacia adelante, o si querías dejarla de lado, en una flecha hacia atrás. Pero, relacionar una “x” con algo que se cumplió puede ser un poco complicado visualmente (más bien parece algo fallido que algo logrado)

Entonces surgió la idea de reemplazar los puntos, por cuadritos a la izquierda de cada actividad. De ese modo, si una actividad estaba completa o lograda, le colocas un visto bueno. Si no fue así, pero quieres intentarlo en otra ocasión, una flechita hacia adelante para re-programarla. Y si te das cuenta de que es algo que no quieres retomar, una “x” para finalizarla.

Si vas a decidir guiarte más por los planificadores semanales, el código será tu elemento principal.

¿Planificador semanal, o Tracker semanal?

Aquí realmente va a depender de cómo sientas que te organizas mejor. En mi humilde opinión, si lo que tienes para cada semana son actividades constantes con metas bastante fijas para cada día, lo que te acomoda más es un tracker semanal. Si por el contrario lo que tienes son actividades diferentes, en distintos horarios, y en diversa cantidad cada día, pues a los planificadores.

Pero, ¿de qué se trata cada uno de ellos? Pues, aquí es donde se expresará toda tu creatividad.

El planificador semanal, consiste en armar en tu libreta una “semana a la vista”, o bien, que teniendo tu libreta abierta, puedas fácilmente ver todos los días de la semana. El orden y la disposición, dependerá de tus gustos y habilidades artísticas. Lo importante es que destines (durante estas páginas abiertas) un espacio adecuado para cada día de la semana. Así, cada par de páginas abiertas corresponderá a una semana del mes. Puedes agregar un mini-calendario en alguna esquina para saber en qué semana del mes te encuentras. Lo importante es que cada vez que comience un mes, armes el planificador para todas las semanas. Así después lo puedes ir llenando con las actividades que necesites.

 

Por otro lado, el Tracker es más bien una especie de tabla de actividades. Originalmente estaban destinados para registrar hábitos que querías establecer en un determinado mes (como hacer ejercicio, dejar de fumar, no comerte las uñas, etc). Entonces, por un lado tenías todos los días del mes, y por el otro las distintas actividades. Y cada vez que cumplías una actividad, rellenabas el cuadrito correspondiente al día que lo habías hecho. Así obtenías una visión más concreta de tu desempeño y de los hábitos que estabas desarrollando.

Un Tracker semanal sigue el mismo principio, sólo que no necesariamente está enfocado a generar hábitos, sino a actividades. Por ejemplo: “Escribir 1000 palabras”. Lo mejor, es que puedes cambiarlo de una semana a otra. Puede que tengas que agregar una actividad que antes no tenías, cambiarla, o eliminarla.

Eso es lo bueno de un Tracker semanal. El código solo nos va a reflejar si algo se hizo o no se hizo, o se hizo a medias. Para ello, cada cuadrito correspondiente lo pintas completo, no lo pintas, o lo pintas a medias. Puedes hacer diseños, usar diferentes colores para cada actividad. La creatividad es tuya.

 

De forma opcional, al iniciar cada mes, puedes agregar una página que te sirva como separador, la cual puedes decorar con el nombre del mes y con lo que tu quieras.

Y estos serían los elementos fundamentales. ¿Te animarías a hacer uno? ¿Qué otros elementos le agregarías? Sugerencias o comentarios serán todos bienvenidos en la caja de comentarios 😉